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Mucho se ha hablado, escrito y hecho para combatir al goloso y venenoso pez león. Es una especie devastadora con alta capacidad de reducir la presencia de ejemplares juveniles de nuestros crustáceos, moluscos y peces, afectando negativamente nuestros arrecifes y la biodiversidad en nuestras aguas marinas, así como también la economía de la pesca y su comercialización. Según Rubén Torres, Presidente de la institución sin ánimo de lucro, Reef Check RD, “debido a que habita en casi todos los lugares y profundidades, su erradicación completa es poco probable, o imposible, pero el ser humano puede crear un control importante mediante su consumo”. Si nos asusta lo de “venenoso”, es importante saber que esta toxicidad sólo existe en las espinas exteriores del animalito, con las cuales debemos pincharnos para sentir sus efectos; pero, después de 20 minutos de haberse pescado, el veneno desaparece.

Oriundo de los Océanos Índico y Pacífico, se dice haber invadido nuestras aguas del Mar Caribe y del Golfo de México a partir de 1992, producto de la destrucción ocasionada por el Huracán Andrew en un acuario de La Florida, cuando algunos ejemplares de esta especie fueron accidentalmente liberados. Hay teorías distintas que relatan otras fechas y maneras de infiltración, pero a fin de cuentas, lo importante es que el problema está ahí “vivito, coleando y arrasando”, y la Academia Dominicana de Gastronomía pretende apoyar el control necesario propiciando el consumo de esta temerosa exquisitez. Según el profesional mexicano Eduardo Palazuelos, Chef de los Restaurantes Mar del Zur, en el D.F., y Zibu, en Acapulco, “el pez león es delicioso, de carne blanca, con mucho sabor y se puede utilizar en platos como el ceviche, dedos de pescado o en tempura”.

Lanzamos, pues, el reto a los Chefs dominicanos. Demos la bienvenida al pez león. Ya es parte ineludible de nuestra gastronomía. Es una magnífica oportunidad para ampliar nuestras opciones con un ya abundante recurso de nuestros mares que no requiere importación. Con ello, iremos culturizando los paladares del dominicano y del turista, y conquistando sus corazones. Es un auténtico “ganar-ganar”; gana el pescador, gana el comercializador, gana el restaurante, gana el comensal, gana la economía, gana el Estado Dominicano, gana el país. ¡Demostremos nuestra sazón, cocinando el pez león!

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