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Editado y publicado por la Academia Dominicana de Gastronomía

La piña es una fruta muy particular; es una planta tropical perenne, siendo la única comestible dentro de la familia de las “Bromeliaceae”.  Reportada a los reyes de España, como hemos presentado en publicaciones anteriores, luego del primer viaje de Colón en 1492.  A partir de ello, la piña conquistó los paladares europeos y sus cortes, y desde temprano se convirtió en una fruta de lujo, siendo esparcida alrededor del mundo en  embarcaciones marítimas portuguesas y españolas durante el siglo XVI. Su presencia ha sido confirmada en las Islas de Santa Elena en 1505, en Las Indias en 1545 y en Madagascar en 1548. Aparece en Asia a mitad del siglo XVI y a finales del siglo XVII, la piña estaba implantada en toda zona tropical del planeta. 

La fruta llegó a Europa en 1535, llevada a España en embarcaciones desde La Española y presentada, confitada o fresca, como curiosidad en las cortes europeas.  A finales del siglo XVII y principios del XVIII, hubo algunos intentos fallidos de reproducirla en Inglaterra y Francia.   Luego se introdujo en Hawái a finales del siglo XVIII, de forma tardía, eventualmente convirtiéndose dicha isla en el principal proveedor de los Estados Unidos hacia principios del siglo XX.

En La Española, las reseñas sobre el consumo de la piña eran corrientes.  En los memoriales de López de Castro, 1598, se relata el uso común en todo el territorio. También se encuentran noticias sobre su importancia en escritos de Domingo Fernández de Navarrete publicados en 1680. Hay igualmente evidencia escrita de que para el siglo XIX en la isla se hablaba de piñas de gran tamaño.

Indagando detalles sobre el consumo actual de la piña en nuestro país, encontramos que éste no se limita a comerla como fruta o jugo, sino preferentemente como preparaciones de dulces y postres.  En el caso del jugo, no debemos confundir el “jugo de piña” con el “guarapo” que es el zumo que se obtiene de exprimir la caña de azúcar; pero que los dominicanos también lo utilizamos para nombrar la bebida fermentada a partir de la cáscara de piña y que en este caso llamamos “guarapo de piña”, aunque en algunas regiones se le refiere también como “mabí de piña”.

España cuenta con el dulce llamado piñonate, muy famoso en Andalucía, y también mencionado en el “Tesoro de la lengua castellana o española”, de Sebastián de Covarrubias, publicado en 1611.  Sin embargo, en nuestro país su preparación es muy distinta, utilizando el coco y melao de caña, con otras variantes regionales que mezclan la batata y el coco.   Por ende, el piñonate en la República Dominicana de “piña” sólo lleva el nombre, aunque en España el dulce que preparan pudieran nombrarlo por uno de sus componentes que es el piñón. Un refrán del folklor dominicano relacionado con nuestro mencionado y emblemático dulce dice: “el que nace pa’ coco… de piñonate no pasa”.

El dominicano usa la palabra “piña” para referirse a un golpe y, si éste es muy fuerte, es un “piñazo”; si “la piña está agria”, es una forma de representar una mala situación económica; y cuando “la piña se está agriando” se refiere al cambio biológico que experimentan los hombres cuando alcanzan edades avanzadas.

Un caso interesante, no nuestro, es el de la Piña Colada.  Aunque la referencia más antigua que se conoce sobre una bebida llamada específicamente “piña colada” apareció en la revista TRAVEL en diciembre de 1922, se cuentan muchas otras historias anteriores y posteriores; por ejemplo, la de los piratas puertorriqueños Roberto Cofresí y Ramírez de Arellano que utilizaban para inspirar moral y valor en su tripulación un curioso brebaje que contenía coco, piña y ron blanco.  Sin embargo, la piña colada fue introducida comercialmente y hecha famosa por Ramón Monchito Marrero en Puerto Rico el 16 de agosto de 1954 en los bares del Hotel Caribe Hilton. 

Otro caso digno de mención es nuestro jugo conocido como “Pera-piña”.  Bebida preparada con cáscaras de piña y azúcar hervidos con arroz, todo licuado y colado. Su sabor emula increíblemente al jugo de pera, y de ahí su nombre.  Bebida refrescante y sabrosísima.

Un delicioso postre de nuestras abuelas es el “amor con celos” .  Elaborado con almíbar de  jugo de piña, saborizada con vainilla y canela, y añadiendo (sin mezclar) cucharadas de merengue (claras de huevos batidas) y pasas.  Muy popular en San Juan de la Maguana.  Una receta casi olvidada que merece estar en el menú de nuestros mejores restaurantes.

Con nuestra herencia dulce y el posicionamiento ancestral de la piña, no es motivo de asombro que en la República Dominicana contemos con una amplia oferta de dulces, bizcochos, pasteles, flanes, empanadas, confituras, mermeladas, salsas, jugos, batidos y helados preparados con la maravillosa fruta; la lista es larga y merecería una publicación especial.  Por su belleza, exquisito sabor, versatilidad y valores nutricionales, la piña es definitivamente la reina de las frutas y por ello muestra con orgullo su majestuosa corona verde.

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