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Gonzalo Fernández de Oviedo, considerado el primer gastrónomo del Nuevo Mundo, elogió la fruta conocida como “ANANAS,” apodada “PIÑA” por los españoles debido a su parecido con las piñas de alcachofas. Oviedo describió la piña como “una de las frutas más hermosas, agradables a la vista y con un aroma que supera a otras frutas”. Destacó que la piña complace cuatro de los cinco sentidos: la vista, el gusto, el olfato y el tacto, y dejó claro su valor por encima de las frutas europeas.

El Rey Fernando V de Castilla y II de Aragón (El Católico) mostró a Oviedo su colección real de frutas, detallando que este compendio abarcaba todas las variedades que los cristianos tenían la oportunidad de degustar. Específicamente, resaltó los notables atributos de la piña americana, proclamándola como superior a todas las demás en la colección.

Contrario a la negación inicial por parte de Cristóbal Colón sobre la existencia de la piña en La Española, las crónicas, datos arqueológicos y palinológicos, junto con la presencia de la fruta en los bosques vírgenes, contradicen esta afirmación. Fernando de Oviedo habló incluso de distintas variedades de piña en la isla. Bartolomé de las Casas fue otro quien omitió la piña en sus escritos sobre la isla, afirmando que “las piñas que había las habían traído desde Puerto Rico”; pero esta afirmación no parece coincidir con lo revelado por otros cronistas.

Para esclarecer la presencia temprana de la piña en la isla, se citó el informe de Michelle de Cuneo, quien en su segundo viaje describió que la piña crecía en una planta similar a la alcachofa pero con un fruto cuatro veces más grande. Hernando Colón también informó sobre su cultivo en la isla Guadalupe. Las Décadas del Nuevo Mundo, escritas por Pedro Mártir de Anglería, gracias a la relación del autor con la Corte, informaron sobre la llegada de piñas a la península ibérica, probadas por Fernando el Católico.

Aunque no hay testimonios de cómo consumían la piña los Taínos, se especula que podría haber sido fermentada para convertirla en una bebida, ya que gustaban de hacer bebidas a partir de lo que comían. También se considera la posibilidad de que la piña fuera una de las frutas cosechadas en sus conucos.

El nombre americano de la piña, “ananás” en lengua Taína, significa “flor de las frutas” o “la reina de las frutas.” En la isla, existían distintas variedades como Yayama, Boniana y Yayagua, las cuales todavía se encuentran en nuestros campos. La Yayagua es descrita como algo áspera y agria, con un interior blanco y vinoso. Por otro lado, la Boniana, de tonalidad blanca, se caracteriza por su dulzura, aunque con cierta textura estoposa. La Yayama, considerada la mejor entre ellas, presenta un color amarillo oscuro, siendo muy dulce y suave al paladar, de acuerdo con la denominación que le daban nuestros ancestros.

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