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La yuca (Manihot esculenta), también conocida en algunos países como mandioca, aipim, guacamota, casabe, casava o lumu, es un arbusto perenne perteneciente a la familia de las euforbiáceas. Tiene su origen en el centro de América del Sur y se ha cultivado en la mayoría de las zonas tropicales y subtropicales de América.

La raíz de la yuca es cilíndrica y oblonga, alcanzando hasta un metro de largo y 10 cm de diámetro. Su cáscara es dura y no comestible, mientras que la pulpa, antes de la cocción, es firme, con fibras longitudinales. Es rica en hidratos de carbono y azúcares y tiende a oxidarse rápidamente una vez pelada. La pulpa puede ser blanca o amarillenta, dependiendo de la variedad.

Según investigaciones arqueológicas, la yuca fue domesticada en América del Sur hace más de 8,000 años. Diversas comunidades la cultivaban de dos formas: yuca brava o amarga, para producir casabe, y yuca dulce, hervida o asada, para consumo humano.

Cuando los españoles llegaron a La Española, la yuca amarga era la variedad predominante, utilizada para hacer casabe. En esta “cucharada”, exploraremos la importancia de la yuca entre los primeros pobladores, incluyendo información sobre su conocimiento y consumo de la yuca dulce.

La yuca amarga, o brava, desempeñaba un papel central en la economía y la vida espiritual de las sociedades en la isla La Española. Desde una perspectiva económica, su cultivo y procesamiento se dividían en varias etapas: siembra, recolección, manipulación, preparación, almacenamiento y distribución del casabe. Estas fases constituían el pilar económico de los “yuca-yeques”, término que se utilizaba para referirse a los poblados indígenas, que según los cronistas, podían estar compuestos por hasta cinco mil individuos.

Esta yuca amarga no solo se consumía como casabe, sino que su agua residual, aunque venenosa, podía ser transformada en un líquido dulce o incluso en vinagre mediante un proceso específico de hervor y reposo al aire libre. Esta sustancia mezclada con casabe fermentado se utilizaba como bebida embriagante.

En el aspecto ritual, la yuca tenía un papel destacado. Uno de los dioses más importantes para los tainos era Yocahú-Bagua-Maorocoti, representado por ídolos de tres puntas hechos de piedra, hueso, concha, madera o barro, conocidos como “Three-Pointed Zemí” o “trigonolitos.” Estos ídolos eran enterrados en los conucos para asegurar el crecimiento de la yuca.

Otras cualidades atribuidas a la yuca y sus derivados, como se relata en el mito de Buya y Aiba. Según relatos, durante un conflicto bélico, quemaron una representación de este cemí. Luego, al lavarla con el jugo de la yuca, le crecieron los brazos, le nacieron nuevamente los ojos y su cuerpo creció. También, estos líquidos y el jugo se empleaban para estimular el crecimiento de la propia yuca. Para algunos autores, este mito podría estar relacionado con la domesticación de la yuca y el descubrimiento del proceso para eliminar el veneno del jugo de la yuca amarga. Como es sabido, al hervirlo, se evapora la sustancia tóxica, el ácido prúsico o cianuro de hidrógeno, quedando un caldo espeso que se utiliza como condimento para las viandas y el cazabe.

La importancia de la yuca se refleja en el cemí Baibrama, que causaba enfermedades a quienes no le ofrecían yuca como ofrenda.

Se dice que Yucahú-guamá, el dios de la yuca, predijo la llegada de los españoles cuando comunicó a un cacique que, tras su fallecimiento, quienes quedaran con vida no disfrutarían por mucho tiempo de su dominio. Les advirtió que llegaría a su tierra un grupo de personas vestidas que los sometería y mataría.

Nos dice el Padre Bartolomé de las Casas, en su investigación del origen de la yuca, un boicio (viejo sabio) entregó la yuca a los hombres, pero los primeros que la consumieron murieron debido al veneno que contenía. Sin embargo, su sabor los llevó a persistir en su consumo hasta que descubrieron cómo extraer el veneno.

El padre José de Acosta, científico jesuita, al hablar de la yuca, menciona que en algunas partes de Indias se elabora un tipo de pan llamado cazavi, y dice “Este pan se hace a partir de una raíz conocida como yuca, que es grande y gruesa. La yuca se corta en trozos pequeños, se ralla y se exprime para obtener una especie de torta delgada, de gran tamaño y forma casi ovalada. Aunque este pan carece de sabor y es poco apetitoso, es nutritivo y saludable”. De hecho, se consideraba apropiado para evitar la gula, ya que se podía consumir sin temor a excesos de apetito.

El padre José de Acosta continúa en su obra “Historia moral y natural de Indias” mencionando que existe un tipo de yuca llamada “dulce” que no contiene el veneno presente en su jugo. Esta variedad de yuca se consumía en forma de raíz cocida o asada y se consideraba una buena fuente de alimento. El cazavi, elaborado a partir de esta yuca, según Acosta, “tiene una larga duración y se utiliza en lugar de bizcocho en los viajes marítimos”. La yuca dulce es especialmente común en las islas conocidas como Barlovento, además de la República Dominicana, Cuba, Puerto Rico, Jamaica y algunas otras de la región.

En resumen se puede inferir que en la isla, además de su conocimiento de la yuca amarga en la elaboración del casabe y dominio de sus elementos tóxicos, los tainos igualmente conocían la versión “dulce” de este mítico tubérculo . Además, los españoles le dieron nuevos usos como, por ejemplo, freírla después de hervirla.

Gabriel Atiles Bidó

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