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En el segundo viaje de Cristóbal Colon, en 1493, se trajeron animales de crianza  para carne, entre ellos reses, cerdos y cabras (o chivos), dando inicio a la ganadería en América. Estos animales prosperaron en gran número  y en tales proporciones que muchos se hicieron montaraces. Tal abundancia abarató el valor de la carne, llegando en algunos casos, como en la carne de chivo, a costar sólo el trabajo de cazarlos.

Para 1510 una res completa costaba 2 ducados, mientras que una fanega de sal se vendía por 1 ducado. Esta desproporción del alto precio de la sal en comparación con la carne, la explica Cristóbal de Tapia, procurador y regidor de la villa de Santo Domingo, en una carta al rey Fernando II, diciendo: “en la isla no puede guardarse carne de un día para otro sin salarse y menos transportarse a las minas, no salar  hace que se pierda mucha carne, o que no pueda darse a  comer a la gente como conviene”.  Pide Tapia al rey la merced de que no se cobre impuesto a la sal y puedan usarla los vecinos libremente.

De esta situación del costo tan elevado de la sal nacería uno de los refranes más populares en la isla: “en Santo Domingo vale más la sal que el chivo”.

Fuente.
Emilio Rodríguez Demorizi
El Pleito Ovando Tapia Pág., 102

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